El pan de ajo casero suele fallar por uno de dos lados: sabe a manteca con un gusto a ajo apenas insinuado, o sabe a ajo crudo que pica y deja la boca tomada. Y muchas veces la manteca se queda en la superficie en vez de meterse en la miga, y el pan sale seco por dentro y grasoso por fuera.
Esta receta resuelve el gusto con dos ajos que hacen trabajos distintos. El fresco, rallado y calentado un minuto en la manteca, pierde el filo crudo y pone el golpe. El Ajo en Polvo pone el fondo, un sabor parejo que llega a cada rincón de la miga, pero para eso tiene que mojarse antes: seco y mezclado directo con la manteca, da mucho menos de lo que puede.
La forma es la del bodegón: la flauta entera, cortada en rodajas gruesas que siguen unidas por la base, con la manteca de ajo y perejil metida entre una y otra. Primero va envuelta en papel de aluminio, para que la manteca se derrita adentro y entre en la miga; después, abierta, para que la corteza se dore. Llega a la mesa entera y cada uno saca su rodaja.
El pan de ajo tal como se lo conoce, pan abierto untado con manteca y ajo y pasado por el horno, se hizo popular en los restaurantes ítaloamericanos de Estados Unidos más que en Italia. Allá el antecedente es la bruschetta, o la fettunta toscana: pan tostado, frotado con un diente de ajo crudo y mojado con aceite de oliva. La manteca llegó después, lejos del olivo.
En la Argentina entró por la misma puerta que las pastas: la cantina y el bodegón, donde aparece como entrada mientras se espera el plato. Y se hace con el pan que hay en cualquier panadería de barrio, la flauta o el pan francés, de corteza más firme y miga más abierta que el pan italiano blando de las recetas de allá. Esta receta usa la forma de bodegón: la flauta entera, cortada en rodajas que no llegan a separarse, envuelta en aluminio para que salga caliente y tierna.



